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La rosa mosqueta, un tesoro de belleza

De origen oriental, la rosa mosqueta se conoció en Europa mucho antes de llegar a Chile, y durante siglos no se valoraba ni por sus flores ni por sus frutos. Su papel era el de formar una barrera natural: una valla de espinos contra intrusos no deseados. Con esta función llegó a Chile con los conquistadores españoles. La planta encontró allí unas condiciones climáticas ideales. En el siglo XIX la rosa mosqueta ya formaba parte de grandes extensiones del paisaje chileno pero aunque algunos empezaron a valorar las virtudes  de sus pétalos y frutos, no hubo uso significativo de la planta hasta mediados del siglo XX.

En los años 50, durante unos análisis bioquímicos para la industria alimenticia estadounidense se descubrió por casualidad que el fruto contiene mucha vitamina C, incluso más de la que se puede encontrar en los limones. Pasaron algunas décadas antes de que se descubriera otro hallazgo científico: el aceite extraído de las semillas de los escaramujos tiene excepcionales propiedades regenerativas y cicatrizantes.

Hoy en día la rosa mosqueta tiene una gran importancia económica para los araucanos y los mapuches de Chile. La planta crece salvaje, alejada de la civilización, lo que garantiza su calidad orgánica. La cosecha de los escaramujos se realiza una vez al año, cuando termina el verano chileno. Es una operación complicada ya que los frutos maduros se recogen a mano. Por las propias espinas de la planta, los senderos son muchas veces intransitables y sólo se puede acceder a pie o caballo. Para facilitar el trabajo, se construyen “peines” de madera y metal para obtener los escaramujos de los arbustos.

Después se transportan los escaramujos para procesarlos. Primero se mantienen unos días en el sol para completar su maduración y luego empieza el proceso de secado a 40ºC. Gracias a este proceso se pueden pelar. Se separa la pulpa de las semillas y después se secan las semillas nuevamente al aire libre. Una vez secas se extrae el valioso aceite por primera presión en frío. El aceite de rosa mosqueta es rico en ácidos grasos insaturados y vitaminas con propiedades cicatrizantes y regeneradoras, componente fundamental para nuestra Línea Facial y Corporal de Rosa Mosqueta.