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Dar de mamar, un acto de amor

En la Semana Mundial de la Lactancia Materna, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y un gran equipo de profesionales de la salud contribuyen a difundir las bondades del amamantamiento. Te acercamos información útil que te va a ayudar a despejar dudas si sos una madre primeriza o si estás por entrar en este vínculo tan especial con tu bebé.

La leche materna es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su hijo recién nacido siempre que ella esté en condiciones de hacerlo. No sólo por su composición, sino también por el lazo afectivo que se establece entre la madre y su bebé durante el acto de amamantar. Toda mujer puede amamantar, sin tener en cuenta el tamaño o la forma de sus pechos, pechos grandes o pequeños no influyen en la lactancia. Es la succión la que genera la producción de leche. Como la naturaleza es sabia, cada especie mamífera tiene en su propia leche todos los nutrientes que su bebé necesita para crecer y mantenerse sano. La leche materna es el mejor componente para el desarrollo del sistema nervioso central del bebé y de su estado inmunológico; y debe otorgarse como alimento exclusivo hasta el sexto mes de vida, según la recomendación de la OMS.

Las madres también se benefician del amoroso acto de dar de mamar ya que ayuda a que el útero vuelva a su tamaño normal, ayuda a prevenir enfermedades futuras como cáncer de mama y osteoporosis y colabora con el adelgazamiento de las grasas que la naturaleza reserva para esta etapa de la vida. Además, la lactancia eleva el autoestima y disminuye la depresión post parto.

Luego del nacimiento se recomienda colocar al bebé en el pecho antes de pasar la primera hora de alumbramiento. Al comienzo de la maternidad los pechos producen calostro, un líquido amarillento con alto contenido de proteínas que constituye el mejor alimento para el bebé y que por su efecto laxante ayuda a eliminar el meconio; las primeras deposiciones oscuras acumuladas en el intestino del bebé antes de nacer.

Una manera práctica para comenzar con la lactancia es colocar un pulgar por encima de la areola y los otros dedos por debajo, extrayendo una gota de calostro para animar al bebé a la primer mamada. Después de la lactancia, también se recomienda dejar unas gotitas de calostro en los pezones hasta que se sequen, esto funciona como un protector natural de los pezones. Siempre es importante colocar al bebé de manera que todo su cuerpo esté en contacto con el de la madre, tocando la mejilla del bebé con el pezón para estimular el reflejo que le hace abrir la boca para empezar a mamar. Recordá que su boca no sólo debe cubrir el pezón, sino toda la aerola. Su mentón debe estar apoyado en la mama y la cabeza y el cuerpo del bebé deben estar alineados. Tené en cuenta que amamantar no debe ser doloroso así que si sentís dolor, interrumpí la succión del bebé deslizando un dedo tuyo entre sus encías y el pezón y volvé a colocarlo en una posición que no te incomode.

Normalmente los bebés maman de 15 a 20 minutos de cada lado los primeros días. De todas maneras no hay que limitar la duración de la toma con el objetivo de que mame del otro lado, pues esto puede hacer que se pierda de tomar la leche más rica en grasas que aparece al final. Si después de mamar el primer pecho todavía se muestra interesado, ofrecele entonces el segundo sabiendo que es probable que succione menos, por lo que habrá que empezar por esa mama en la próxima comida. Con la succión, la cantidad de calostro aumenta y se va haciendo gradualmente más blanco y espeso hasta convertirse en leche. La leche bajará en pocos días y la empezarás a sentir que los pechos están llenos. La frecuencia con la que se amamante al bebé evitará que los pechos se congestionen. Amamantar de 8 a 12 veces por días es un parámetro normal.

Algunos bebés se prenden rápido y vigorosamente al pecho, otros en cambio lamen el pezón y se toman su tiempo antes de empezar a lactar. Cada bebé tiene su estilo. Dar de mamar es un arte que exige un poco de paciencia y mucha práctica y nadie espera que lo sepas hacer bien desde el principio. Si tenés dudas es importante consultar con una enfermera mientras estés en el hospital. Lo más importante es permanecer tranquila, acariciar a tu bebé, mirarlo y acercarlo a tu piel. Tu voz, tu olor y los latidos de tu corazón son un excelente preámbulo para este acto de amor. ¡Que lo disfrutes!