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El secreto de la naturaleza para una belleza sin edad

La granada es símbolo de la belleza y la feminidad en muchas culturas. De origen oriental, se cree que los fenicios la introdujeron en Europa durante las guerras púnicas. Cultivada desde hace más de 5.000 años existen numerosas referencias a ella a lo largo de la historia. El Corán habla del granado como uno de los árboles del paraíso, incluso hay quienes sostienen que era una granada y no una manzana el fruto de la tentación de Adán.

Los granados pueden vivir cientos de años y alcanzar  cinco metros de altura. De hojas estrechas y flores rojo brillante, aprovechan el suelo arenoso para crecer y los cambios extremos de temperatura propios de la montaña. Turquía es el segundo productor de granadas del mundo y es allí donde Weleda obtiene el aceite de granada de calidad orgánica.  En una pequeña población cerca de la ciudad de Mersin a 300 metros sobre el nivel del mar, 50 familias han llegado a un acuerdo con Weleda para  cultivar granadas orgánicas sin utilizar pesticidas o fertilizantes químicos y así proteger los recursos naturales. De esta forma, obtienen el aceite de la más alta calidad, con precios por encima del mercado.

La cosecha se realiza a finales de septiembre y se recogen de forma manual cuando las granadas una a una alcanzan su punto óptimo de maduración. Se seleccionan, se lavan y se cortan. Se separan las jugosas semillas de la pulpa y se dejan secar. Cada granada contiene entre 400 y 800 semillas. Una vez secas se extrae el valioso aceite por primera presión en frío. Se necesita media tonelada de granadas para obtener un litro de aceite de sus semillas. El resultado es una composición única creada por la naturaleza: ácidos grasos esenciales, vitaminas y antioxidantes que neutralizan los radicales libres causantes del envejecimiento prematuro de la piel. El ácido púnico reconstruye y regenera la piel de forma natural. Estos valiosos ingredientes conforman la exclusiva Línea Facial y Corporal de Granada.