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Quien va lento, llega rápido

Que la prisa y el apuro nos traen problemas, ya lo hemos experimentado todos. Nadie se siente cómodo cuando llega a último momento o incluso demasiado tarde para algo. Muchas veces necesitaríamos algunos instantes para poder volver a respirar y presentarnos correctamente. Y ya sabemos también: el apuro, con el tiempo enferma. ¿Cómo sería si por el contrario controláramos conscientemente nuestro tiempo? 
 
En ocasiones nos encontramos casi todo el tiempo en una guerra contra el tiempo. Y justamente esta guerra contra el tiempo es la causa de sentirnos agotados. ¿Cómo se explica esto? Tiene que ver con cómo funciona una parte invisible de nuestro ser, que se llama vitalidad. Ésta, afecta a nuestro cuerpo de diferentes maneras. Una de sus características especiales es que depende mucho del correr del tiempo. Si hacemos algo “a tiempo” como por ejemplo empezar una reunión puntualmente y también terminarla, entonces esto es extraordinariamente bueno para nuestra vitalidad y energía. Si nuestra vitalidad está llena o vacía lo podemos medir en la energía que tenemos. 
 
Una energía dinámica
 
Es importante tener en cuenta que nosotros estamos inmersos en el tiempo. Experimentamos el tiempo en diferentes velocidades y variadas calidades. A las seis de la mañana el mundo se ve muy distinto que a las diez. Lo percibimos también diferente, si nos levantamos regularmente a una hora o siempre a diferentes horas. Si vivimos en la corriente del tiempo o, dicho de otra manera, respetando sus ritmos, esto tiene un efecto muy positivo para nuestra salud. El apuro influye exactamente de la forma opuesta. La carrera contra el reloj significa resistencia al tiempo. De esta forma no nos ubicamos en la corriente del tiempo, sino que nos caemos fuera de él. Sin querer y sin darnos cuenta esto nos consume mucha energía.
 
Detenerse
 
¿Deseamos cambiar algo de nuestra reserva de fuerzas? Entonces podemos dejar de acelerar nuestras acciones presionándonos mentalmente para ir cada vez más y más rápido para hacer más cosas y detenernos para tomar consciencia. Tomemos como ejemplo una tarea tan normal como cocinar. Observémonos a nosotros mismos mientras lo hacemos: ¿En qué postura me encuentro cuando limpio las verduras? ¿Tengo los pies fijos en el suelo o casi no lo tocan, porque al mismo tiempo estoy poniendo la mesa? ¿Tengo todos los ingredientes en la casa o debo cambiar constantemente mis planes porque algo falta? ¿Estoy nervioso o aún tengo tiempo suficiente como para ordenar un poco la cocina antes de comer? 
 
Seguramente percibiremos en una auto-observación como ésta, que estamos constantemente apurados, queremos terminar rápido, ya mismo, en forma urgente. Justamente se trata de todo lo contrario, de ir más despacio, de tomarse más tiempo. Más lento a propósito, quiere decir que adoptamos otra relación con el tiempo: nos tomamos suficiente tiempo para hacer las preparaciones necesarias, nos reservamos tiempo para balancear pequeños contratiempos y dejamos suficiente tiempo para realizar nuestras tareas ordenadamente y con la concentración necesaria. En general se da que el tiempo “de más” en realidad alcanza justo. 
 
Mayor atención
 
La ley de la desaceleración puede ser buena también para nuestra cabeza. Sin embargo allí parece más difícil, ya que muchas veces sentimos nuestra cabeza como una maquinita que no frena con engranajes que van para todos lados, y no como un órgano en el que reina la paz y el orden. Aquí se trata sobre todo de ganar concentración. “Una cosa después de otra” es el lema. Podemos decidir realizar ciertas tareas de tal manera de no estemos pensando simultáneamente en las cosas que están por venir. Permanezcamos con el ejemplo de la cocina: cuando colamos los fideos, deberíamos colar los fideos con toda nuestra concentración, y no estar pensando en la conversación estresante que tendremos el próximo día. Tratemos que, cada vez que nuestros pensamientos empiecen a volar, regresar al punto de partida. Para ganar una mayor atención, debemos ir más lento. Llevar nuestros pensamientos de forma tan lenta y tan intensiva, que podamos seguirlos paso a paso. Si logramos permanecer en una tarea o un pensamiento por cinco minutos entonces percibiremos que de esta mayor atención emana un efecto concreto. Se crea un estado de tranquilidad y paralelamente de actividad interior, y justamente estos dos ejercicios son una fuente de vitalidad. 
 
Si nos desaceleramos, ganamos fuerza y finalmente también tiempo. Por eso esperamos que esta mitad de año pase lento y que podamos llegar rápido, disfrutando del camino y de cada proceso que nos ofrece la naturaleza, para revitalizarnos y vivir en armonía.